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La Simbiosis Renovable

(Artículo publicado en la Revista Obras Urbanas número 50)

Luis I. González Monroy; Director Técnico de Termicol Energía Solar, S.L.

Que la sustitución de los sistemas de producción energéticos basados en los combustibles fósiles es una necesidad cada vez más urgente no es algo que se hable ya solo en los foros de movimientos ecologistas o de protección del medio ambiente. Cada día las legislaciones de los países desarrollados apoyan la reducción del consumo energético y la utilización de fuentes de energía limpia y renovable. Sin embargo, a pesar de este esfuerzo a nivel legislativo los objetivos están tardando en cumplirse bien por no utilizar las herramientas de difusión adecuadas o porque los intereses creados alrededor del sector energético bloquean la posibilidad de utilizar alternativas que dan niveles de producción excelentes a costes realmente asequibles.

La competencia desleal que se produce en un sector estratégico y fundamental, como es el energético lleva a que el desarrollo de las energías renovables se ralentice hasta tal punto de quedar, en muchos casos, totalmente paralizado. La rentabilidad de este tipo de sistemas de producción es algo que no interesa a quien durante mucho tiempo ha mantenido un total y absoluto control sobre lo que se vendía y al precio que se vendía. Esto ha dado lugar a la feroz competencia contra sistemas que dan un alto nivel de cobertura energética y que reducen el consumo de energías de origen fósil.

La grandeza de las energías renovables no sólo se encuentra en que lo son, sino también en su gran diversidad, pudiéndose aprovechar los recursos locales mediante el uso de diferentes fuentes primarias permitiendo, incluso, la posibilidad de que el propio consumidor sea el productor de parte de la energía que consume, como así ha sido durante muchos siglos hasta la llegada de la revolución industrial. No debemos olvidar que calentarse o iluminar las estancias era algo sobre lo que cada consumidor tenía un control total hasta hace no demasiado tiempo. Incluso si su vivienda se encontraba en un entorno rural. En este sentido, la diversidad de los recursos a su alcance le permitía escoger la solución más adecuada según la situación, aprovechando los residuos de las podas para ser quemados en las chimeneas o la paja obtenida en las cosechas para calentar “los hogares”, perfectamente diseñados para caldear la vivienda mediante la circulación natural del aire. Así bien, en ningún caso se veían las distintas opciones energéticas como competidoras, sino como complementarias y siempre estableciendo una simbiosis entre ellas que supusieran ahorro y bienestar.

Volver a este punto de vista se hace necesario si queremos verdaderamente que nuestro sistema energético se vuelva sostenible, aprovechando lo que la tecnología actual nos pone al alcance. En primer lugar, es importante establecer un orden de prioridad de uso que permita reducir el coste de producción del kWh generado y tener el sistema más eficiente que podamos permitirnos. Pensemos en un caso sencillo e imaginemos que queremos cubrir las necesidades de agua caliente de una vivienda en la que se necesiten diariamente 300 litros de agua a 45ºC. Esto supone generar todos los días una cantidad de energía de unos 12 kWh térmicos. Vamos a pensar en tres formas distintas de generar esta energía demandada: energía solar, biomasa y aerotermia. Sin tener en cuenta la inversión realizada en equipos, en la siguiente tabla se presentan los consumos de las distintas fuentes según la opción escogida. En ella se toman unos rendimientos medios de los equipos que utilizan estas fuentes energéticas y se trasladan los 12 kWh necesarios a la energía que realmente es necesario consumir para producirlos.

La Simbiosis Renovable

Aparentemente, la opción más razonable (a primera vista) es la Aerotermia ya que con 3,33 kWh consumidos de su fuente de energía se pueden producir los 12 kWh necesarios (siendo necesarios 13,3kWh y 20 kWh en el caso de la biomasa y la solar térmica, respectivamente). Sin embargo, cuando nos fijamos en los costes para producir cada uno de ellos el ranking cambia por completo, pues el coste de generación en un sistema de solar térmica es muy bajo, oscilando entre 0 y 4 céntimos de € al día (según sea un equipo termosifón o un equipo de circulación forzada), frente a 50 céntimos de euro en el caso de la Aerotermia (considerando un coste de 0,15 €/kWh) y 89 céntimos en el caso de la biomasa (considerando un coste de 0,07 €/kWh producido por el pellet).

No obstante, la grandeza de las renovables estriba en su capacidad para ser combinadas aprovechando lo mejor de cada una. De las tres propuestas, las claramente renovables son la biomasa y la solar térmica. La biomasa tiene la ventaja de que es un tipo de producción gestionable y capaz de cubrir el 100% de la demanda. Sin embargo, su fuente es fungible y necesita ser alimentada constantemente por su combustible, en este ejemplo el pellet, generándose un coste continuo para poder hacer funcionar al sistema. Por su parte, la energía solar térmica es una fuente cuyo aprovechamiento tiene coste cero (en lo que a su energía primaria se refiere) si bien es no gestionable y no tiene capacidad de cubrir el 100% de la demanda.

Pero lejos de ser dos sistemas de producción rivales, es necesario tener en cuenta que tienen la capacidad de complementarse y que el sistema de producción solar tiene la capacidad de reducir el consumo de pellet al menos en un 50%, lo que supondría un ahorro de unos 45 céntimos diarios, dejando el sistema de producción mixto en 45 céntimos de euro por día (en media).

La Simbiosis Renovable

Este mismo ejercicio puede hacerse con otras combinaciones en las que los sistemas térmicos solares deben estar siempre presentes por producir reducciones en los consumos que abaratarían considerablemente el objetivo de cubrir el 100% de la demanda de energía.

Termicol, fabricante de captadores solares y sistemas solares térmicos desde el año 2001,  como empresa de referencia en el mercado español, ha entendido este reto. En el año 2014 ha lanzado un portfolio de producto que amplía su oferta, yendo más allá de la energía solar térmica e introduciendo nuevas gamas de productos, sin abandonar el ámbito de las renovables y los sistemas de alta eficiencia. Su combinación con los sistemas solares supondrá una línea de trabajo que permita poner su aportación al objetivo general establecido del consumo “casi nulo” y todo lo que ello conlleva.

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