Técnica contra los siniestros y afecciones en edificación ocasionados por el agua subterránea

(Artículo publicado en la Revista Obras Urbanas número 62)
Gustavo Figuerola García de la Pastora: Coordinador general de la técnica Mulmico.
Fernando Gutiérrez Blanco: Ingeniero de Minas. Director técnico de EGELCO SA.
Mª Antonia Asencio Castillejo: Arquitecto Técnico. Especialidad en Patología y Rehabilitación de la Edificación.

Este artículo se ocupa de los efectos del agua subterránea en edificios y estructuras. El objetivo principal es presentar el sistema de drenaje Mulmico® amparado bajo “Patente Internacional”, como solución ante la siniestralidad por la incidencia del agua subterránea en edificación. El sistema se basa en un drenaje gravitacional a través de una red subterránea de drenes multidireccionales que ofrece ventajas importantes ya que previene y paraliza los procesos patológicos por: hinchamiento, retracción, humedades, pérdida de resistencia, pudrición, corrosión, disgregación, desagregación, asientos, grietas, etc.

1.Siniestralidad, factores de riesgo y daños

La referida siniestralidad se entiende como la frecuencia o índice de un daño surgido después de la construcción, motivado por la aparición del agua subterránea y la interacción de ésta con la edificación que puede crear situaciones de auténtica emergencia y efectos desastrosos. El origen de los factores de riesgo se reduce a: naturales, por la existencia de niveles freáticos, recargas (precipitaciones), y artificiales (fugas de redes, desvíos, riegos, etc.)

Los daños pueden ser tratados, paliados, ignorados o eliminados.

El “obligado” aprovechamiento que se realiza del suelo en nuestras ciudades y sus entornos, motiva la construcción de edificaciones en antiguos cauces, laderas, humedales, o suelos donde se desaconseja cualquier implantación constructiva. Éste es un factor de riesgo que se ha ido acrecentando por la necesidad de expansión de nuestras urbes.

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Fig. 1. Resumen de afecciones

Al construir bajo rasante cualquier elemento, (zapata, muro, pantalla, foso, etc.) se crea un efecto de barrera a los flujos subterráneos que altera sus niveles (nivel freático) o trayectoria.

Con la acción humana hemos ido soterrando o desviando aquellos flujos naturales que impedían o dificultaban labores constructivas, con la creencia de que esto era una solución definitiva, o por lo menos esa ha sido nuestra intención; hoy por hoy el tiempo demuestra que no hay nada más lejos de la realidad. En muchos casos los flujos soterrados vuelven a tener influencia en la edificación y los desvíos en muchas ocasiones afectan a edificaciones anejas.

La cimentación es el elemento más importante de cualquier edificación. Las edificaciones enterradas deben estar protegidas contra la humectación desde su origen. Cualquier contacto o filtración de agua que afecte a estos elementos, con el tiempo se traduce en una afección estructural.

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Agua afectando a cimientos

El agua, cuyo origen puede ser diverso (niveles freáticos, fuga de redes de abastecimiento o saneamiento, lluvia, riegos, etc.) siempre afectará de un modo u otro, pudiendo provocar muchos efectos negativos, afectando tanto al suelo portante como a la estructura:

  • Al suelo portante por: Presiones intersticiales, asientos, pérdida de capacidad portante, socavación, karstificación, lavado de finos, etc.
  • A la propia estructura mediante numerosos y muy diversos procesos físicos, químicos o biológicos, ya sean directos o indirectos como: Empujes adicionales en muros y soleras, hinchamiento, pérdida de resistencia, retracción, deformación, reblandecimiento, asientos, grietas, erosión, filtración, inundación, humedades en general, haloclastia, degradación, disgregación, desagregación, heladicidad, disolución, corrosión y pudrición.
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Corrosión, degradación, filtraciones y humedades

Las patologías más frecuentes son la degradación, las humedades, las filtraciones y finalmente las grietas.

2.Medidas tradicionales ante daños en un edificio ya construido por la incidencia del agua subterránea

Las medidas que se suelen adoptar para evitar los daños son:

2.1) La contención del agua.

2.2) El tratamiento de los materiales dañados.

2.3) La “ocultación” del problema.

2.4) La eliminación del agua.

2.1) Mediante la contención del agua

2.1. Mediante la contención del agua

El efecto de retención en la circulación natural del agua provocado por bloqueos o impermeabilizaciones con aditivos a los morteros, morteros específicos, imprimaciones, láminas, paneles, resinas y un largo etcétera; produce un ascenso del nivel del agua retenida (incremento del gradiente), aumentando los empujes hidrodinámicos (sobrepresión) sobre muros, causa de la gran mayoría de fallos en las estructuras de contención. Con la contención se acrecienta la saturación del terreno adyacente y/o subyacente, lo que repercute en su estabilidad y capacidad portante. Asimismo provoca subpresiones en losas y soleras.

En rehabilitación también se suele recurrir a estos productos que en la mayoría de los casos son implantados por el intradós. En muchos casos, después de hacer un tratamiento del intradós mediante impermeabilización u obturación, el agua vuelve a infiltrarse por otra zona distinta de la tratada. Ello es debido generalmente al aumento del empuje que se crea al haber provocado la retención con el tratamiento, que a su vez provoca que el agua erosione o busque otro punto para infiltrarse y produzca otra vía de penetración.

Como conclusión, es un sistema no recomendable e incluso perjudicial.

El único sistema de los aquí descritos para rehabilitación que puede tener acceso al trasdós, es la inyección de resinas acuoreactivas, aunque no deja de ser un sistema de obturación o taponamiento de vías de agua que provoca retención. La naturaleza, anisotropía, porosidad y compactación del trasdosado, limita en muchos casos su aplicación. La inyección es un procedimiento poco controlable; el precio de la materia prima es alto y la suma de todos estos factores eleva considerablemente el coste del método.

Su efectividad es baja e igualmente desaconsejable por sí sola. Como conclusión es un sistema no recomendable e incluso perjudicial.

2.2. Mediante el tratamiento de los materiales dañados

Es indudable que tras sufrir un daño por la acción del agua, los materiales o elementos constructivos deben ser tratados o rehabilitados para restablecer sus funciones; ello será posterior al imprescindible tratamiento que se aplique previamente para eliminar el elemento agresor: “el agua”.

Por sí solo es un método insuficiente ya que no evita la exposición y los ataques posteriores.

2.3. Mediante la ocultación del problema

En muchos casos ante la imposibilidad de aplicación de medidas efectivas o por desconocimiento de un sistema realmente corrector, es frecuente implantar sistemas de ocultación como pueden ser chapados, bandejas, etcétera. Las ocultaciones empiezan siendo medidas transitorias y terminan siendo medidas fijas que impiden observar la evolución de la lesión. La no actuación o adopción de una medida efectiva, provocará una degradación progresiva y generalizada de elementos estructurales.

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La ocultación y su resultado

La ocultación no debería ser adoptada por un profesional. No se puede considerar como una medida correctora. Esta acción es totalmente desaconsejable.

2.4. Mediante la eliminación del agente agresor, “el agua”

Ante la problemática de las medidas anteriores, es obvio considerar que la solución realmente eficaz sería aquella que eliminara el agua (agente agresor).

El único método que “elimina el agua” o nivel freático del suelo es el drenaje. El drenaje se convierte en la solución más coherente y eficaz y será siempre el procedimiento más recomendable.

¿Podemos decir que hemos llegado a determinar la acción que nos permitirá hacer frente a la elevada siniestralidad en la edificación por la incidencia del agua subterránea? ¡Indudablemente!. El drenaje además de eliminar el agua suele producir un aumento de compacidad. Es el sistema más utilizado para el tratamiento y mejora de suelos y obtener su consolidación.

Mansur y Kaufman (1962) han descrito muchos de los aspectos teóricos y prácticos del drenaje. Son muy numerosos los sistemas existentes para el rebajamiento del nivel freático. Karl Terzaghi, Peck y Mesri (1996) citan los siguientes métodos: well‐ point, pozos profundos, pozos profundos con eyectores, pozos sangrantes o de descarga, drenaje por vacío y drenaje por Electro‐Osmosis.

Resulta muy ilustrativa la siguiente tabla (fig. 2), donde J.P. Powers (1992) realiza una valoración de cada método para diferentes casos en función de la granulometría del suelo, hidrogeología, requerimientos técnicos y capacidad.

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Fig. 2. Fuente: Powers, J.P. (1992)

De esta tabla se deduce que el método de drenaje más eficaz ante cualquier naturaleza y condición es el de drenes horizontales.

No toda el agua contenida en el suelo es perjudicial ni debe ser drenada para alcanzar nuestro fin. Debemos distinguir entre: (fig. 3).

  • Agua de retención
  • Agua capilar
  • Agua gravífica

El agua de retención (o agua higroscópica) deberá permanecer ya que no es drenable. Parte del agua capilar interesará que se desprenda del terreno y el agua gravífica, sí deberá ser excluida.

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Fig. 3. El agua en el medio poroso

El agua gravífica equivale al agua intersticial capaz de ser liberada del suelo, y que puede desplazarse por el medio poroso (suelo) obedeciendo exclusivamente a la gravedad. Equivale al valor de la porosidad eficaz de éste. (fig. 4 y 5).Cada suelo tiene una velocidad crítica para ser drenado. Un aumento de velocidad podrá motivar un arrastre de la materia fina (matriz), o de toda aquella partícula susceptible de ser transportada por este incremento. Se admite que su velocidad estará en relación directa con la permeabilidad del medio poroso y el gradiente hidráulico (Ley de Darcy).

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Figura 4. El agua en el suelo y subsuelo

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Figura 5. Valores estimados de porosidad (%), según Sanders (1998)

En la acción de drenar debemos distinguir la velocidad de drenaje y la velocidad de evacuación. La velocidad de drenaje se refiere a la velocidad que alcanza el fluido en el medio poroso (suelo) para abandonarlo: ‐relación directa entre permeabilidad y gradiente‐. (Fig. 6 y 7).

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Figura 6. Conductividad hidráulica y porosidad dependiendo de su clase estructural

La velocidad de evacuación es aquella a la que sometemos al fluido una vez que ha abandonado el medio poroso: ‐relación directa entre el gradiente o fuerza ejercida sobre el fluido y la sección útil de la tubería o conducción‐.

Con estas premisas se deberá determinar el método o sistema de drenaje más adecuado.

NOTA: Para poder centrar fácilmente el orden de magnitud de estos coeficientes diremos que 10-6 cm/s representa una velocidad aproximada de 30 cm por año.

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Figura 7. Tabla de capacidad de drenaje y coeficiente de permeabilidad

Todos aquellos sistemas de drenaje que traten de evacuar el agua contenida en una formación (medio poroso) en menos tiempo que el de la propia descarga natural, alterarán y aumentarán la velocidad del fluido, pudiendo sobrepasar su valor crítico, como es el caso de los muy comunes rebajamientos del nivel freático mediante bombeo abierto. Aunque éste resulte el sistema más económico y el más antiguo, el documento básico de seguridad estructural del CTE, lo desaconseja cuando exista riesgo de sifonamiento del suelo.

Incluso, bajo condiciones favorables del bombeo abierto, existe la posibilidad de que se generen conos (boils) donde se produce erosión y subsidencia en la zona colindante al bombeo (Karl Terzagui, Peck y Mesri, 1996). Por ello se debería considerar desaconsejable para el tratamiento de un suelo saturado sobre el que se asienta o limita una edificación, todo aquel método en que su acción de drenar lleve implícito un considerable aumento del gradiente hidráulico (drenaje vertical), como son: well‐point, pozos profundos, pozos profundos con eyectores, pozos sangrantes o de descarga o drenaje por vacío.

3.Métodos de drenaje recomendables

De todo lo expuesto anteriormente se deduce que los métodos de drenaje más recomendables son aquellos que no requieran bombeo. Entre ellos:

3.1. Zanjas o trincheras

Es el método de drenaje más antiguo y común. Se utiliza generalmente para el control del agua de escorrentía o superficie, en áreas de ladera de cierta pendiente o en zonas inmediatas a fachadas, muros, caminos, etc.

La continuidad del flujo o líneas de corriente y el efecto gravimétrico, hacen de las zanjas o trincheras un método de drenaje por gravedad simple y efectivo.

Requieren de una excavación lineal con pendiente adecuada para provocar el gradiente hidráulico que confiera al agua movimiento y continuidad hasta el punto de descarga.

El ámbito de actuación recomendado para zanjas o trincheras es el terreno superficial natural o rellenos artificiales de permeabilidad media/alta y una profundidad de entre 1 a 3 metros.

3.1.1. Ventajas:

  • Eficaces para drenajes superficiales.
  • Ofrecen una gran superficie de transición con el medio poroso.
  • Sencillez de ejecución.
  • Sistema preventivo ante inundaciones por fuertes precipitaciones y avenidas.
  • Aplicación rápida.
  • Protección ante salpicado y/o humedades por absorción en los arranques de fábrica sobre rasante.
  • Eficaz drenaje vertical para terrenos trasdosados de muros enterrados de poca incidencia en el subsuelo.
  • En general, bajo coste.

3.1.2. Desventajas y limitaciones:

  • En áreas urbanas, la existencia de medianerías entre edificaciones, imposibilita su aplicación.
  • En áreas municipales es muy dificultosa su ejecución por la existencia de otros servicios de infraestructuras (saneamiento, telefonía, electricidad, etc.).
  • No resultan aconsejables para drenajes profundos por:
    • Elevación muy considerable de costes.
    • Requerir grandes movimientos y transporte de tierras.
    • Necesidad de un espacio amplio a ambos lados para poder taluzar.
    • Posibilidad de trabajos complementarios (entibaciones) para asegurar la estabilidad.
    • En zanjas de elevada longitud se requiere de excavaciones profundas para obtener la pendiente necesaria.
    • Su ejecución puede poner en riesgo la estabilidad del terreno o estructura limítrofe.
    • Poco viables para drenajes en interiores ya que suponen obras traumáticas, costosas, que impiden la operatividad en el área tratada.
    • Inaplicables para contrarrestar efectos de subpresión de losas de cimentación ya construidas.

3.2. Electroósmosis

La aplicación más frecuente del tratamiento de electroósmosis en edificación es para combatir las humedades por capilaridad.

La electroósmosis se ha empleado exitosamente en la desecación de lodos provenientes de industrias y de la explotación minera, así como para el drenaje y estabilización de suelos de baja permeabilidad.

3.2.1. Ventajas:

  • La electroósmosis puede utilizarse para conseguir un control de la presión intersticial en suelos arcillosos y limosos muy finos. En dichos suelos, cuyas permeabilidades son muy bajas, es difícil aplicar las técnicas de pozos con sistema de vacío.
  • Existe un sistema inalámbrico de muy sencilla instalación con resultados satisfactorios para el tratamiento de algunas humedades por capilaridad.
  • Puede ser utilizado para mejorar el resultado conseguido con otros métodos.

3.2.2. Desventajas y limitaciones:

  • Por sí solo, es un sistema con uso muy limitado.
  • Alto coste para el tratamiento de amplias superficies.
  • Los problemas que pueden derivarse en relación a la salud y la seguridad por el hecho de trabajar con un circuito de corriente continua
  • Hace pasar la humedad a otro elemento en contacto con el área a tratar, normalmente el terreno próximo, dejando el agua en la base de muros, zapatas, etc., de un modo permanente. Este hecho puede afectar tanto a la estabilidad del suelo como a la capacidad de resistencia de los elementos constructivos.
  • No aplicable para la eliminación de una filtración directa de agua.

3.3. Drenes horizontales. Metodología SISTEMA MULMICO

Los sistemas de control del nivel freático que se utilizan actualmente han sido optimizados durante décadas, aunque los principios en los que se basan permanecen sin cambios. Las mejoras implementadas se han centrado en reducir costos, utilizar nuevos materiales, sistemas de bombeo mejorados y métodos de instalación más efectivos y rápidos.

Las limitaciones físicas de estos métodos no han sufrido cambios importantes.

Según lo expuesto en la tabla o figura nº 2: Powers, J.P. (1992) el sistema más efectivo y capaz para llevar a cabo un drenaje ante cualquier situación y naturaleza de suelo es el de drenes horizontales.

El sistema Múlmico es el resultado de una larga investigación de técnicos con dilatada experiencia en hidrogeología, geotecnia y edificación y aunque no deja de basarse en principios fundamentales, supone un verdadero avance e innovación. Solventa sus limitaciones sin perder ninguna de sus ventajas e incluso incrementa considerablemente su eficacia y facilita su aplicación.

3.3.1. Base del sistema Mulmico

El agua en el subsuelo está sometida a una fuerza principal que determina su movimiento: la gravedad. Si en las áreas de recarga el agua llega al terreno por fuerzas gravitatorias (movimiento descendente), posteriormente la circulación que se establecerá vendrá condicionada por la estratificación.

A su vez, existe una fuerte anisotropía respecto a la infiltración, siendo el coeficiente de permeabilidad horizontal, superior en cinco veces al menos al vertical, pudiendo llegar a ser varios cientos de veces en suelos estratificados (fig. 8).

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Figura 8. Infiltración en un terrerno anisótropo

El sistema MULMICO® se fundamenta en el aprovechamiento de esta característica de los suelos, la anisotropía.

La integración en el seno del medio poroso de unos filtros cilíndricos de pequeño diámetro (drenes), longitudinales, multidireccionales y continuos en disposición horizontal o inclinada, que pueden ser integrados en el medio a distintas profundidades, confieren al suelo una mayor porosidad.

De este modo se crea una red o malla drenante de alto rendimiento lo que consigue la exclusión del agua gravífica del medio poroso, la reducción del agua capilar y la consolidación del suelo por la única acción de drenar por gravedad, con elevada eficacia.

3.3.2. Cualidades fundamentales del sistema Mulmico

El sistema Mulmico presenta una serie de cualidades que le proporcionan unas ventajas destacadas en su eficacia como sistema de drenaje así como en su implantación y puesta en obra.

La cualidad principal del sistema Mulmico es que desaloja el agua del terreno y la reconduce, evitando el contacto entre construcción y agua, contrariamente a la gran mayoría de los otros sistemas que se han mencionado y que se vienen utilizando en la actualidad, como son aquellos que tratan de modificar los elementos constructivos para hacerlos más resistentes a la acción erosiva del agua, o los que tratan de evitar la penetración del agua al interior mediante acciones de impermeabilización.

Por otra parte, el hecho de drenar el terreno, confiere a éste una mayor consolidación y estabilidad al conseguir un aumento del ángulo de rozamiento interno.

Su eficacia es incuestionable, ya que va a la raíz del problema; la exclusión del agua allá donde esté, no tratando en ningún caso de contenerla y resultando un sistema óptimo e inigualable para labores de rehabilitación y conservación de cualquier edificación.

Mulmico supone una herramienta sumamente versátil y eficaz para el “técnico” o “profesional” en construcción, ‐amparada bajo Patente Internacional‐, que exige y garantiza la profesionalidad de las empresas ejecutoras. Es un sistema multifuncional, apto, eficaz y capaz de ser implantado ante la mayoría de situaciones.

3.3.2.1. Ventajas en su eficacia como sistema de drenaje:
  • El sistema, de alto rendimiento y capacidad de drenaje ante cualquier tipo de suelo, proporciona al terreno una mayor permeabilidad‐porosidad inducida por la creación de espacios vacíos de mayor sección.
  • El sistema, al eliminar el agua, es un sistema óptimo para la eliminación de filtraciones y humedades en edificación.
  • Recepciona y captura solo el agua susceptible de ser drenada por gravedad, manteniendo el coeficiente de retención específico, lo que evita la desecación del terreno.
  • Reduce las pérdidas de carga y evita la erosión interna o tubificación (pipping) del terreno, producida por los flujos de agua, mediante la reconducción y desplazamiento del agua a través de los drenes‐filtros.
  • Atenúa la velocidad de circulación del fluido, al aumentar la sección útil de tránsito, eliminando el riesgo de sobrepasar el valor crítico y como consecuencia evita la “migración de finos” (lavado).
  • Al aumentar el tamaño del poro, reduce la capilaridad.
  • Es un método idóneo para evitar efectos de subpresión, sifonamiento o fluidificación en áreas y cotas de cimentación.
  • Crea una gran área de transición entre el medio poroso (terreno) y la superficie a drenar, que junto al aumento de permeabilidad lo capacita para el drenaje de terrenos de muy baja permeabilidad (acuitardos y acuicludos).
  • En suelos consolidados y sobre‐consolidados, el drenaje del terreno mediante el sistema Múlmico no va a producir ningún tipo de asentamiento del terreno, incluso en el caso de suelos blandos o no consolidados, el sistema podrá implantarse, siempre y cuando, previo estudio del terreno se puedan crear con el sistema las condiciones favorables para tal efecto.
  • El sistema ofrece un gran rendimiento para el tratamiento y mejora de suelos blandos no consolidados, previo a edificar, es decir, en procesos de preconsolidación, dado que la red de filtros permite disipar el exceso de presiones intersticiales hasta su estabilización, permitiendo dejar un sistema de acción continua y permanente.
  • Su cobertura, durabilidad, rapidez de aplicación, multifuncionalidad, el hecho de no ser agresivo y sus bajos costes de implantación, hacen que el sistema sea sumamente rentable.

3.3.3. Implantación del sistema Múlmico

Para poder obtener todas y cada una de las ventajas que nos ofrece el sistema Mulmico es indispensable conocer las condiciones de permeabilidad, transmisibilidad, coeficiente de almacenamiento, espesores permeables (estrato) fisuración o karstificación del medio poroso, ya que estos parámetros permitirán el dimensionamiento de los filtros y su distribución e integración en el medio, (Fig.9).

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Figura 9. Representación gráfica del sistema Múlmico

El hecho de no requerir la ejecución de excavaciones de importancia, movimiento de tierras ni apertura de zanjas, permite su implantación bajo edificios, bajo cimentaciones, trasdosarlo a muros de contención o cerramiento y un largo etcétera.

En ningún caso la implantación del sistema interrumpe la operatividad en el inmueble, no provocando molestias a los habitantes ni dificultando la funcionalidad de las instalaciones.

Para la implantación del sistema Mulmico únicamente se necesita un acceso al subsuelo, de reducidas dimensiones, que posteriormente será transformado en el receptor del agua resultante de toda la red de filtros drenantes.

3.3.3.1. Ventajas en su implantación y puesta en obra
  • Aplicación directa, inocuo, no traumático y totalmente aconsejable en rehabilitación. Su implantación en edificios ya construidos, sin obras traumáticas, sin hacer necesarias excavaciones (zanjas, entibaciones), ni rotura de elementos constructivos, le facultan para las obras de rehabilitación de edificios reconocidos como Patrimonio Artístico.
  • Su implantación es rápida y efectiva. Es orientable y de fácil acceso a las zonas afectadas. No interrumpe la operatividad ni funcionalidad del edificio a tratar.
  • Permite ser implantado bajo la cimentación, creando un drenaje de base sumamente eficaz bajo losas, entre pilotes o zapatas, sin perjuicio para la construcción.
  • El material empleado en la red de filtros es capaz de resistir las acciones físico‐ químicas del medio que lo rodea.
  • Puede ser implantado desde el exterior o interior de la edificación.
  • Eficaz drenaje para los terrenos trasdosados a muros enterrados entre medianerías o de gran incidencia en el subsuelo.
  • En el caso de existir medianerías, puede ser implantado desde patios interiores, sótanos, fondos de escalera, pozos de saneamiento, trasteros, fosos de ascensor, frentes de muro, etc.
  • No requiere mantenimiento. Su funcionalidad es permanente, sin necesidad de fuentes de energía. Una vez implantado será un sistema de protección ante cualquier eventualidad que provoque una recarga (natural o artificial) del medio poroso.
  • Permite implantar un drenaje en áreas urbanas, sin que influya la existencia de medianerías entre edificaciones, o en áreas municipales, donde la existencia de otros servicios de infraestructura, con frecuencia impiden la ejecución de drenaje con otros métodos (zanjas).
  • Aplicable para drenajes de media a alta profundidad (de dos metros en adelante).
  • Permite crear grandes y extensas redes de drenaje para el tratamiento de grandes superficies.

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