Cambio climático: el desafío del siglo XXI

Cambio climático: el desafío del siglo XXI

07/11/2017
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Tribuna Siemens: Roland Bush, jefe de tecnología y miembro del consejo de dirección de Siemens AG

Las consecuencias que el cambio climático está produciendo en nuestro planeta son incuestionables. El año 2016 ha sido el más caluroso registrado nunca y la temperatura global ha aumentado 1,2ºC desde la época preindustrial, según Naciones Unidas. El impacto para la población y el medio ambiente es inmenso; desde la erosión de las zonas costeras y las inundaciones provocadas por el aumento del nivel del mar a causa del deshielo, hasta olas de calor, lluvias torrenciales y otras condiciones meteorológicas extremas que ponen en peligro las ciudades y a sus habitantes.

Recientemente, los huracanes Irma y Harvey han actuado como una llamada de atención tras su paso devastador por el Caribe y Estados Unidos. Si bien la aparición de huracanes en la zona no depende en su totalidad del cambio climático, existen ciertas evidencias que lo relacionan estrechamente. El calentamiento global provoca que la atmósfera terrestre retenga más la humedad –hasta un 7% más por cada grado centígrado de temperatura- lo que genera precipitaciones más extremas. Además, los huracanes que se forman sobre el agua lo hacen en aquellas zonas en las que el mar tiene al menos 26,5º de temperatura. Al aumentar la temperatura de los mares y océanos, aumenta la frecuencia de estos fenómenos. En definitiva, no podemos afirmar que el calentamiento global sea el causante de los fuertes huracanes que cada año azotan el Atlántico, pero sí que aumenta su fuerza y peligrosidad.

El cambio climático es una evidencia en la que el factor humano tiene mucho que ver. El 80% de las emisiones contaminantes provienen de las ciudades. Si queremos ganar la batalla contra el cambio climático, hay que ganar la batalla en las urbes. La inacción es mucho más cara que la acción: el coste de la reconstrucción de las infraestructuras devastadas por los desastres naturales es altísimo, por no hablar de las vidas humanas perdidas. Por otro lado, el Banco Mundial publicó el año pasado un estudio que demostraba que la contaminación del aire es la cuarta causa principal de muertes prematuras y costó a la economía global 5 billones de dólares anuales en costes de bienestar social y pérdida de ingresos. Pero no se trata únicamente de una cuestión económica: es la salud pública la que está en juego.

Si bien los gobiernos tienen un papel importante que desempeñar estableciendo las políticas necesarias, las empresas, las comunidades y las ciudades tendrán que tomar medidas adicionales.
Por este motivo, Siemens trabaja para cuidar el medio ambiente y la salud desde hace años. En 2015, se comprometió a convertirse en la primera gran empresa industrial del mundo sin emisiones de carbono para 2030. Además, se trata de un buen negocio a largo plazo. De las inversiones de 100 millones de euros en tecnologías de eficiencia energética, esperamos un ahorro anual de al menos 20 millones de euros. Nuestra cartera ambiental ayudó a nuestros clientes y socios a reducir sus emisiones de CO2 en 521 millones de toneladas métricas, lo que generó unos ingresos de 36.000 millones de euros en 2016.

Este desafío ha inspirado a nuestra compañía a desarrollar soluciones innovadoras, como MindSphere, nuestro sistema operativo del Internet de las Cosas basado en la nube, que permite a las ciudades conectar diferentes sistemas de infraestructura y usar sus datos para optimizar su funcionamiento reduciendo las emisiones. Otro ejemplo es la City Performance Tool desarrollada por Siemens, que evalúa el impacto de las tecnologías en los sectores de construcción, energía y transporte sobre las emisiones de gases de efecto invernadero y los contaminantes del aire.

Recientemente, esta herramienta fue utilizada en colaboración con el Ayuntamiento de Madrid para realizar un estudio que determinó que el 41% de los gases de efecto invernadero de la ciudad provienen del transporte – cifra que se encuentra muy por encima de los niveles de otras ciudades europeas donde también se ha realizado este mismo estudio, como Copenhague o Helsinki, con el 20% y 32%, respectivamente-. El uso de CyPT en Madrid demostró que la ciudad podría lograr sus objetivos de reducción del 40% de sus emisiones contaminantes para 2030 mediante la implantación de un sistema de peajes urbanos, junto con la reducción natural del 10% proveniente del aumento del rendimiento de los nuevos automóviles. Sin embargo, el estudio realizado propone una tercera vía que lograría una reducción aun mayor de los gases contaminantes: la transición del transporte público y privado a vehículos eléctricos o híbridos enchufables.

El sector público y el sector privado tienen un papel fundamental en la implementación de tecnologías para reducir la contaminación y los costes derivados de esta. Las energías renovables, los coches eléctricos y los dispositivos propios de las ciudades inteligentes son una necesidad que apremia para lograr un futuro mejor.

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